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lunes, 21 de enero de 2008

La píldora de la inteligencia

..no existe ni creo que llegue a existir, pero parece que hay negocio detrás de la idea y ya se sabe qué viene después de "hay negocio"..."hay negociantes"

Esto viene a raízde un artículo en la Vanguardia que os copio aquí integramente.

Por cierto, en otro post intentaré exponer mi teoría sobre por qué la gente es tan propensa a creer en la homeapatía, la religión y otras verdades intangibles.


En apenas dos años, decenas de empresas, sobre todo de EE.UU. y Japón, aunque también hay algunas europeas en liza, algunas de ellas tan flamantes como que no existían en el 2005, han lanzado al mercado programas para entrenar nuestro cerebro mediante ejercicios que apelan a la rapidez de procesamiento, la atención, la memoria y la capacidad cognitiva. Y todas ellas reclaman alguna base científica para sostener sus productos.

Estos entrenadores son, en su vasta mayoría, juegos electrónicos, aunque también los hay sobre papel. Algunos de ellos, muy ingeniosos, otros no son más que imitaciones de la vida misma: sudokus, rompecabezas, tetris que parecen diseñados por un político en campaña electoral, o problemas audiovisuales de diferente factura como, por ejemplo, detectar al mismo tiempo un pájaro en un bosque y un evento paralelo inesperado. La cuestión es: ¿son efectivos estos entrenadores de la mente?, ¿en qué se basan para haber supuesto una moda tan explosiva?

La primera idea subyacente es que el cerebro es como un músculo: cuanto más lo uses, más se desarrolla. La segunda idea subyacente es que vivimos en una sociedad en la que no tenemos tiempo ni para usar el cerebro como un músculo. Y como sabe todo el mundo, y los fundamentalistas de la vida sana no cesan de recordarnos, si no te ejercitas, te atrofias. Esta es la clave. Incluso te amenazan con males mayores, como el de ese alemán de cuyo nombre ahora no me acuerdo.

Si se le pudiera poner una fecha simbólica a esta fiebre del sábado gris, todo empezó cuando David Snowdon inició en 1986 un estudio con 678 monjas de la orden Hermanas de Nuestra Señora Dame en Estados Unidos, todas de más de 75 años y con excelentes facultades mentales. La incidencia de problemas como demencia senil o alzhéimer era inferior entre ellas a la tasa correspondiente a su media de edad. Snowdon vivió en el convento e investigó todo lo que podía afectar a la salud mental de las monjas: desde la actividad intelectual y la dieta hasta la asiduidad de las tareas físicas. Para su sorpresa, un día las monjas le invitaron cariñosamente a una partida de ajedrez. "¿Cómo? ¿Ustedes juegan al ajedrez?". "Claro, y a muchos otros juegos de este tipo".

Snowdon, en un celebrado artículo científico y en un libro reconoció que estos juegos venían a reemplazar estímulos neuronales que habían ido languideciendo con el tiempo, ejercitaban el cerebro y mantenían las neuronas bien enchufadas, alertas y vivaces. Eran, por tanto, otro factor más para explicar la buena salud mental de personas de edad.

Sin abandonar aquella cauta exposición, recientes experimentos comenzaron a admitir la idea de que algunas funciones cerebrales podían entrenarse, aunque no hay reglas claras aplicables para todos. Lo cual no ha impedido, todo lo contrario, que aquella suave ola conventual haya ido creciendo hasta convertirse en el tsunami actual. Hace dos años había una docena de entrenadores cerebrales en el mercado, con los que se jugaba a través del ordenador o en sencillas consolas de videojuegos. Ahora, junto con la espectacular explosión del sudoku, hay cientos de estos entrenadores, muchos de ellos orlados con la siempre intimidante etiqueta: "Desarrollado por el equipo científico de Neuronal Corporation y probado con óptimos resultados en tantos cientos de personas", y algunos son cautivos de las consolas más populares del mercado. En el 2005, el negocio de estos entrenadores cerebrales era de unos dos millones de dólares en EE.UU. Ahora se estima que la cifra se multiplicó el año pasado por 40: 80 millones de dólares (unos 70 millones de euros). Uno de los entrenadores más populares, de origen japonés, ha vendido 15 millones de copias para diferentes plataformas, sobre todo consolas de videojuegos.

No hay cifras fiables para Europa o España, pero entre nosotros comienzan a ser populares los mismos juegos que fascinan a las neuronas estadounidenses (lo cual debería causar más de una preocupación), como puede verse en los anuncios por televisión o en revistas de crucigramas y palabras cruzadas. Estamos hablando, pues, de una industria que comienza a mirar de cerca, proporcionalmente hablando, a la del entrenamiento físico, a pesar de que no requiere invertir en pesas, cintas de correr ni, sobre todo, en indumentaria. Aunque todo se andará.

A pesar de que los neurocientíficos reconocen que, además del ajedrez, el chamelo, las cartas o los clásicos juegos de estrategia, estos entrenadores de la mente parecen ayudar a las personas mayores, por alguna inquietante razón se siguen preguntando: "¿Funcionan para todos?". Todavía no hay respuesta. Las empresas no se atreven a certificar que nuestro cerebro mejorará sus prestaciones gracias al entrenador, ni tienen pruebas de que con el entrenador se consiga lo que promete el prospecto. ¿Importa? A la vista de la cifra de negocios parece que no. Nuestras neuronas, sobreentrenadas en el ejercicio del consumo, piden y piden más entrenadores. Siempre habrá tiempo para arrinconarlos y buscar otros estímulos mentales más reconfortantes.

Autor: Luis Á. Fernández Hermana

miércoles, 9 de mayo de 2007

La ciencia frente al ilusionismo, la superstición y otras estupideces humanas I

Acabo de ver un video en youtube de un anuncio de la distribución de Linux RedHat que me ha gustado bastante. En realidad me ha gustado porque soy un talibán del Linux (dedicado a E.M.E. y a J.A.C.).

Pero en realidad el video es algo engañoso. Me explico, el video demuestra de alguna manera que los visionarios siempre se encuentran con la oposición del paradigma actual. Esto me recuerda algo que leí no recuerdo dónde sobre Arthur C. Clarke (el sobrevalorado, en mi opinión, escritor de ciencia ficción) que decía que la fantasía de hoy es la ciencia de mañana. Es parcialmente cierto, pero no del todo.

A los charlatanes, magos o curanderos de la peor calaña les encantaría el video y las palabras de Clarke porque "demuestran" que aunque la ciencia no entienda la telepatía, el espiritismo o la levitación, no significa que no sean reales sino que aún no está lo suficientemente avanzada.

Puede que sea cierto, pero me agarro al principio de máxima verosimilitud de David Hume (cómo estoy hoy...) que decía: si tengo que creer en una tesis o su opsitora, me quedo con la que me parezca menos milagrosa (o similarmente más probable en el marco de nuestra ciencia actual).

En la segunda parte de esta entrada pondré un ejemplo para ilustrar este principio de Hume, pero ahora me centraré en la discusión del problema de fondo.

Hay cada vez más gente que cree en todo tipo de supercherías: tarot, quiromancia, los posos del té o los huesos del abuelo. Pero la verdad es que siempre que la ciencia se ha aproximado críticamente a estos métodos han hecho aguas. No hay manera de probar su poder predictivo.

Me parece inquietante que después del siglo XX que ha sido el siglo de la ciencia y la técnica por excelencia, donde más descubrimientos científicos se han realizado el número de supersticiosos siga creciendo. Los creacionistas crecen en EEUU, hay cada vez más partidarios de que la tierra es plana y los curanderos hacen su agosto a costa de la desesperación de la gente.

Horóscopos, telebasura, ¡Pensad Malditos! (como dice Falevian). Todo bla, bla.

Platillos volantes con extraterrestres pervertidos abduciendo a diestra y siniestra, fantasmas, espiritus malignos, posesiones demoniacas.

No digo que todo el mundo mienta (como dice House), creo que la mayor parte de las veces la gente cree sus propias fantasías (o las colectivas). Sólo digo que, y retomo el tema del video sobre linux, que si Edison se equivoca o Kelvin dice que la ciencia en el siglo XX se limitaría a poner los puntos en las íes y los palitos en las tes, todo el mundo dice "es que la ciencia se ha equivocado muchas veces". Cierto, pero ha acertado muchísimas más (prueba de ello es que existe el transistor, la fibra óptica y la corriente alterna que hace que ahora estés leyendo este blog).

No sé si es una guerra perdida, pero mi principio es "SE ESCÉPTICO HASTA QUE SE DEMUESTRE LO CONTRARIO".

Continúa con el ejemplo matemático...